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Paisaje con dos chopos, 1912

Vasili Kandinsky (1866-1944)

Óleo sobre lienzo,
78,8 x 100,4 cm
The Art Institute of Chicago, Arthur Jerome Eddy Memorial
© The Art Institute of Chicago/Scala, Florencia
© Vasili Kandinsky, VEGAP, Madrid 2020

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Gruesas pincelas rosadas, verdes, azules y amarillas, de trazos irregulares y de distintas longitudes se han distribuido en este lienzo para construir un paisaje originado en el universo de deseos y fantasías del autor. Kandinsky convierte una escena de campo en una sinfonía cromática. La composición oblicua, desarticulada conscientemente, le sirve para acentuar su interés de experimentar no con la naturaleza objetiva sino con la materia de los árboles mecidos por el viento.

 

Esta obra incluida en un lugar de honor en la exposición de 1936 de Alfred Barr Cubismo y Arte Abstracto, refiere a un paisaje centroeuropeo con colinas y arboledas. Sin embargo, la percepción de lo pintado poco tiene que ver con lo que sirvió de motivo para expresar líricamente una experiencia de revelación, Kandinsky lo explicaba así:

 

La forma es siempre temporánea, es decir, relativa, ya que no es más que el medio, hoy día necesario, en el cual se muestra, resuena la actual revelación. La melodía es, pues, el alma de la forma, la cual sólo puede tomar vida a través de la melodía y “opera” desde lo interno hacia lo externo.

 

La evocación musical es una constante en la obra de Kandinsky. La distribución de formas en el espacio del cuadro recuerda a los desarrollos de las notas musicales en el tiempo; la alternancia y combinación de colores, a la armonía. El color, entendido como forma pura de expresión de los sentimientos, caracteriza su obra y, en general, las creaciones de los expresionistas alemanes.

 

Sólo un año antes de crear esta obra, Kandinsky había sido fundador del grupo expresionista alemán Der Blaue Reiter, junto al pintor Franz Marc, del cual se muestra una obra excepcional junto a la de Kandinsky.  Aprendiendo la influencia de los fauvistas y aportando una intensa expresividad cromática a sus cuadros, el grupo llevó el uso del color un paso más allá: no sólo servía a la expresión emocional, sino que estaba completamente desvinculado de la naturaleza. Como otros artistas de su tiempo, los expresionistas buscaban inspiración en creaciones ajenas a la tradición académica europea, como el arte medieval, las creaciones infantiles o el arte naif.