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Pablo Picasso (1881-1973)

Olga con cuello de piel

1923
Óleo sobre lienzo
116 x 80,5 cm
Musée national Picasso-Paris. En depósito en Palais des beaux-arts, Lille
Dación Jacqueline Picasso, 1990. 
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

 

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Entre 1922 y 1923, Picasso realizó diez variaciones sobre el tema de Olga y el cuello de armiño, ensayando distintos soportes, técnicas y formatos. Retrato de Olga con cuello de piel (Olga) es una manera entre muchas de representar el motivo. Al artista le reta más la representación de la forma que la representación de la persona. En efecto, si bien la línea marcada y contrastada dibuja una silueta elegante, de belleza clásica, el singular tratamiento de las manos es extremadamente simplificado y geométrico.

 

En este cuadro se aprecian, especialmente visibles sobre el fondo blanco, áreas de pintura negras, rojas y azules, así como los empastes, que dejan adivinar la presencia, en transparencia, de formas ajenas al retrato. La radiografía de este lienzo ha confirmado esta intuición y ha revelado, asimismo, la presencia subyacente de una composición cubista muy acabada en la que, seguramente, figuraba otro retrato de mujer sentada, que presenta cierta analogía con distintos cuadros y dibujos de años anteriores.

 

Una vez más Picasso superpuso capas y motivaciones, conjugando en un mismo lienzo dos representaciones de la mujer sentada, empleando estilos muy diferentes que aplicaba de forma simultánea. Accesorios, como el suntuoso cuello de piel, la pulsera o el voluminoso lazo que sujeta el vestido a la altura de la cadera, anclan al personaje en la modernidad y la describen como una figura elegante y mundana del París de entonces. A pesar de ello, el modo de resolver la configuración estática y clásica del rostro, fijo, de mirada mayestática y la blancura que petrifica el lienzo asocian a la modelo a la tradición de la escultura antigua.