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Pablo Picasso (1881-1973)

Mujer en un sillón

París, 2 abril 1947
Óleo sobre lienzo, 92 x 72,5 cm
Musée national Picasso-Paris. MP1990-23. En depósito en Musée Picasso, Antibes. Dación Jacqueline Picasso 1990
© RMN-Grand Palais (Musée national Picasso-Paris)/Gérard Blot
© Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2019

 

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En Mujer en un sillón Picasso desarrolla el tema de la “mujer-flor”, iniciado un año antes, e inspirado en Françoise Gilot, compañera del artista en estos momentos. Realizó una serie de obras que presentan la misma morfología, una cabeza y pechos redondos, así como un tallo fino para el tronco. Las formas son curvas y simplificadas en arabescos. Además, el cuerpo parece estar conectado entre sí por líneas hechas con un compás. La composición se dispone a partir de una red de tensiones formales que crea un ritmo plástico.

 

Las formas yuxtapuestas que muestra Mujer en un sillón pueden recordarnos a las formas orgánicas de los móviles de Alexander Calder. Tal es el caso de Black Lace. Compuesto por catorce elementos de chapa metálica concebidos individualmente -muchos de los cuales son atravesados por vacíos dispuestos en perfecto equilibrio– el móvil se mueve con una armonía interconectada, activada por el más sutil soplo de aire.

 

Una mirada detenida a ambas obras pone de manifiesto diferencias destacables. Como sostiene el escritor y crítico de arte Donatien Grau, no hay Picasso que no contenga un elemento humano mientras que sí hay muchas obras de Calder que no presentan ni un solo aspecto humano. Están en puntos opuestos: Calder, en el lado de la energía y la pura abstracción, y Picasso, en la investigación constante del cuerpo humano, y de su pariente, el animal.