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Silla basculante (modelo B 301), 1929

Le Corbusier (1887-1965)

Le Corbusier and Thonet Brothers Inc. 
Acero tubular cromado y tejido 
64.8 x 64.8 x 64.8 cm 
Colección Adolfo Autric 
© Fondation Le Corbusier 
© F.L.C. / VEGAP 2020

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Un asiento y un respaldo basculantes, forrados en piel y sostenidos en una estructura de tubos de acero. Éstos son los elementos necesarios para crear una silla insólita revolucionando con ello la concepción tradicional del diseño doméstico e incorporar los procedimientos de fabricación industrial a la fabricación de mobiliario, lo que provocó una conmoción en la historia de comienzos del siglo XX. Así lo hizo uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, el suizo Le Corbusier. 

 

Las claves de esta radical renovación están en desvincularse de modelos anteriores, reflexionar sobre la función del mueble y considerar los elementos que requiere para cumplirla. Es lo que hizo Le Corbusier: para cada función del mobiliario, para cada uso y postura del cuerpo humano diseñó un objeto-tipo adaptado a esta necesidad. Para hacerlo tuvo en cuenta, además, su adecuación al espacio en que debía emplearse y creó una serie de medidas estándar que sirvieron de patrón para poder ser combinadas de innumerables formas, consiguiendo con ello una originalidad basada en la magia de las matemáticas. 

 

La estética del mueble de vanguardia tenía como objetivo potenciar la funcionalidad, estudiar las necesidades ergonómicas, de modo que las piezas fabricadas resolvieran de manera perfecta la funcionalidad para las que habían sido creadas. De hecho, el arquitecto y pintor que admiraba a Picasso, Le Corbusier, consideraba que los objetos de uso no debían incluir ornamentación. Este caso es un buen ejemplo, ya que la belleza de la silla no reside en la decoración artesanal, sino en la simplicidad de la forma, la perfección técnica en la fabricación de los tubos de acero y el acogedor aspecto del asiento hecho en piel de calidad.