Main content

Cuadrilátero negro, 1915

Kazimir Malévich (1879-1935)

Óleo sobre lienzo, 17 × 24 cm
MOMus-Museum of Modern Art-Costakis Collection, Tesalónica
© MOMus-Museum of Modern Art

 

Leer Transcripción

¿Cuál es la forma plástica esencial? En Rusia, durante los años de la Primera Guerra Mundial, esta pregunta parecía clave en la exploración artística. Estaba a punto de estallar la Revolución de 1917 y, en ese momento de búsqueda de nuevas soluciones políticas y económicas para los problemas sociales, parecía importante también encontrar un arte nuevo, opuesto a la tradicional figuración propia del pasado. Los creadores del cubismo ya habían abierto un camino de investigación empleando la figura geométrica. Pero Kazimir Malévich iba a dar un paso más allá: el paso hacia la abstracción.

 

Un cuadrado negro sobre fondo blanco era la forma capaz de generar todas las formas. Una figura sencilla que, al rotar sobre su centro, dibujaba un círculo; al desplazarse, podía trazar una línea, una cruz… Eran formas sin voluntad de representar ningún objeto, ninguna idea o concepto: con valor propio, aunque ancladas en una sensibilidad espiritual. Se trataba del elemento plástico depurado hasta el extremo, la palabra inicial del nuevo vocabulario que proponía Malévich. Con esta obra, exhibida por primera vez en la exposición 0.10 Última exposición futurista, el artista iniciaba el movimiento suprematista. Y en su manifiesto, lo describía con las siguientes palabras:

 

Lo objetivo en sí mismo no tiene significado para el suprematismo, y las representaciones de la consciencia no tienen valor para él. Decisiva es, en cambio, la sensibilidad; a través de ella el arte llega a la representación sin objetos, al suprematismo. Llega a un desierto donde nada es reconocible, excepto la sensibilidad. El artista se ha desembarazado de todo lo que determinaba la estructura objetivo-ideal de la vida y del arte: se ha liberado de las ideas, los conceptos y las representaciones, para escuchar solamente la pura sensibilidad.