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Cronología de un personaje

Personaje principal del repertorio de caracteres en la Commedia dell’arte italiana, la figura de Arlequín aparece en la obra de Pablo Picasso desde 1901, que la incluye de un modo intermitente hasta los últimos años de su longeva trayectoria artística. Son varios los autores que han interpretado la presencia de esta figura en sus pinturas como un elemento iconológico de significado autobiográfico. Así, en la obra del malagueño, funcionaría como un doble melancólico, encarnando, con su expresión retraída y su mirada, ausente la soledad y la fragilidad del artista. Hay quien propone que, en las pinturas de las primeras décadas con arlequines, simbolizarían una especie de auto-inmolación personal que, a modo de rito de paso, ayudaría al pintor a superar un período para adentrarse en nueva etapa creativa. La fascinación de Picasso por la figura de Arlequín remite, además, a su temprano interés por el circo y sus gentes: saltimbanquis, forzudos o acróbatas. Existen evidencias de que, en su etapa iniciática en la Barcelona de finales del siglo XIX, Picasso frecuenta los circos del mismo modo que después lo hará en París. En concreto a finales de 1904 y principios de 1905, el tema del circo, en particular el ambiente del Medrano, pasa a ser un referente en su vida y en su obra, determinando la temática de importantes composiciones de aquel momento.

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Con apenas 14 años, ejecuta dibujos primerizos combinando máscaras y arlequines. Y en París, durante el invierno de 1905, expone en la Galerie Serrurier las primeras obras de su periodo denominado comúnmente rosa entre las cuales figuran ocho representaciones del circo. Arlequín es personaje principal en su obra de estos años. Posteriormente, recreará el perfil de esta figura principal del teatro popular italiano en su pintura cubista Arlequín (París, 1915. The Museum of Modern Art, Nueva York). En esta época, su compañera Eva Gouel es ingresada en un hospital parisino, donde el pintor la visita con mucha frecuencia. El 9 de diciembre 1915, escribe una carta a su coleccionista, la escritora Gertrude Stein, haciendo referencia a su estado de ánimo y sus últimas pinturas: “Mi vida es un infierno. Eva está enferma. […] Es el fin. Casi no trabajo, me paso el día en el metro para ir a la casa de salud […]. No obstante, he hecho un cuadro de un arlequín, que yo creo, a mi parecer, y varias personas que lo han visto, que es el mejor arlequín que he hecho. ”(Laurence Madeline (ed.). Gertrude Stein, Pablo Picasso: correspondance. [París]: Gallimard, 2005, pp.189-190).