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1931-1962 Hecho de tierra

En el sur de Francia, Picasso se sintió fascinado por la tradición local de la cerámica. Como los artistas de la contemporánea Escuela de Altamira, remontó la mirada hasta los pintores rupestres prehistóricos que usaban tierra, huesos y fuego para crear arte. Otras pinturas reflejaban las casas y los paisajes que rodearon sus últimos trabajos.

“La cerámica funciona como el grabado. La cocción es la tirada. En ese preciso momento te das cuenta de lo que has hecho. Cuando recibes la prueba ya no eres el que hizo el grabado. Has cambiado. Te ves obligado a retomar la obra. Sin embargo, la cerámica ya no tiene vuelta atrás”.

[Pierre Daix. Le nouveau dictionnaire Picasso, 2012]


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Picasso debutó en el arte secular de la cerámica en la fábrica Madoura de Vallauris, un antiguo centro alfarero donde él y Françoise Gilot compraron una villa en 1949. El artista se sintió atraído por el lugar, con sus viejas casas y sus hornos de leña tradicionales, y también por las oportunidades y facilidades que le brindaron Suzanne y Georges Ramié, los propietarios de Madoura. Junto a los artesanos emprendería ensayos muy diversos, empleando para ello los platos y las jarras que producía la fábrica y realizando algunos diseños propios con el maestro alfarero Jules Agard. Desde 1950 también colaboró estrechamente con Suzanne Ramié en las piezas que ésta diseñaba. A Suzanne le interesaba especialmente estudiar las formas de recipientes antiguos o tradicionales para recrearlas, a menudo en mayor tamaño que los originales, como elementos de decoración. La vasija panzuda con seis asas (tres a cada lado) y tapón que inspiró este Insecto se conoce en la Provenza con el nombre de gus, y sirve para guardar vinagre o agua. Por las asas se hacía pasar una cuerda para colgarla de la pared.

Picasso tenía muy buena vista para apreciar las posibilidades de transformación de las formas cerámicas, y en el caso de este Insecto se le ocurrió sacar un animal de la vasija entera pintando el tapón como una cabeza con ojos, las asas como brazos con manitas extendidas sobre el cuerpo de la vasija y patas en la parte inferior. En el reverso se representan los mismos elementos, de modo que el animal tiene un total de ocho patas. Picasso escogió técnicas simples de decoración, como pintar directamente con engobe azul sobre la pieza de loza blanca y grabar algunos motivos en el azul descubriendo el blanco de debajo.

Fuente: Texto de Marilyn McCully “Insecto”. En Catálogo Museo Picasso Málaga. Colección, 2010, p. 42