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1933-1937 El minotauro y otros monstruos

Coincidiendo en el tiempo con las tensiones políticas que provocaron la guerra civil española en los años treinta, Picasso se apropió de este mito griego para exponer la violencia latente en la naturaleza humana. Su Minotauro celebra el placer compartido, perpetra actos de violencia sexual, se arrepiente, muestra una ternura inesperada. Sus imágenes casi abstractas de cabezas de mujeres evocan tanto la agresión como el deseo. 

“Picasso hablaba ahora muy lentamente.

– Un minotauro no puede ser amado por sí mismo añadió Por lo menos él lo cree así. Por algún motivo le parece cosa irrazonable. Quizá por eso le agradan las orgías.

Acto seguido señaló otro grabado en el que aparecía un minotauro contemplando a una mujer dormida.

– La está estudiando declaró Picasso intentando leer sus pensamientos, tratando de averiguar si ella le ama “porque” es un monstruo”.

[Picasso en conversación con Françoise Gilot, 1964]


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La pintura Bodegón con Minotauro y paleta es la última de una serie de cuatro que Picasso hizo en noviembre de 1938 (una quinta fue pintada en diciembre). Reflejan una extensa variedad de relaciones entre objetos que simbolizan la cultura (un libro, una vela, paleta y pinceles) y la destrucción, representada por una cabeza de toro o de Minotauro. Tales cabezas, unidas a una peana, se pueden interpretar indistintamente como reales o como obras escultóricas.

En esa duplicidad se refleja lo bestial como aspecto del arte (junto con los pinceles y la paleta) y como fuerza exterior a la cultura. De las cinco pinturas citadas, solo dos, retratan al Minotauro. En esta pintura, el Minotauro se muestra muy vivo y benignamente humano. La cabeza, aunque de color rojizo intenso, es carnosa. No solo son netamente humanos los rasgos (a excepción de los cuernecillos y las orejas ovaladas), sino que la piel no muestra ni el pelo espeso ni el pellejo duro de un animal. Además, el uso que ha hecho Picasso del negro para siluetear el mentón, los labios, los ojos y las cejas de este Minotauro subraya la tranquila expresión y las proporciones humanas de la cabeza. Finalmente, toques de azul a cada lado de los labios y de amarillo en los ojos mezclan en el rostro los colores de la inmediata naturaleza muerta.

El conflicto entre creatividad y destrucción queda en buena medida desactivado: como parte de un despliegue de cultura, el Minotauro casi se humaniza.

Fuente: Texto de Michael FitzGerald, Los Minotauros de Picasso. En Catálogo Diálogos con Picasso. Colección 2020-2023