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1894-1906 Damas y Caballeros

Picasso tuvo una sólida formación académica tutelada por su padre, profesor de dibujo. Iniciada en Málaga, prosiguió en La Coruña, Barcelona y brevemente en Madrid. Atraído por su ambiente vanguardista, se traslada a París en 1904.

“Una cosa curiosa, añade, es que yo no he hecho nunca dibujos de niño. Jamás. Ni siquiera cuando era muy pequeño”.

[Hélène Parmelin. Habla Picasso..., 1968, p. 80]

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Pablo Picasso tenía trece años cuando, en 1894, pintó este retrato de su hermana María Dolores Ruiz Picasso, "Lola". La sofisticación de sus primeras obras, que aquí aparece en detalles como el mechón que escapa de detrás de la oreja y la seriedad de la boca, invita al espectador a buscar indicios de obras posteriores, ya sea en el estilo o en el asunto. Se podría decir que es una especie de historia del arte por adivinación, en la que, como escribió Pierre Daix, “suponemos en él, desde el primer momento, todas las virtudes creativas que más de setenta años de actividad y reflexiones dedicadas únicamente a su arte nos han permitido percibir”. Pero en 1894 Picasso no era todavía Picasso, como atestigua la firma de trazo grueso del ángulo superior izquierdo: “P. Ruiz” muestra al artista tomando el apellido de su padre pintor, José Ruiz Blasco, que apoyó el talento de su hijo desde temprana edad. 

El retrato de Lola se terminó en La Coruña, donde la familia de Picasso se había establecido en 1891, cuando don José se incorporó a una plaza de profesor de dibujo. Solo un año después, en 1895, al mudarse la familia a Barcelona, acometería Picasso una fase importante de su formación académica en la pintura matriculándose en la escuela de bellas artes La Llotja. Aunque hasta un viaje a Madrid en aquel mismo año no conoció las obras de Zurbarán y Ribera, la paleta tenebrista de esos pintores domina en este retrato de Lola, probablemente a consecuencia de las lecciones de don José. En los años siguientes, que llevaron a Picasso de Barcelona a Madrid y a París —ciudad que visitó por primera vez en octubre de 1900—, son varios los retratos de Lola que permiten seguir el rastro del avance del artista más allá de su formación académica, en una sucesión de estilos que van del simbolismo al postimpresionismo.

En 1899-1900, Picasso representa a Lola en una serie de retratos firmados “P Ruiz Picasso”, entre los que destacan el dibujo a carboncillo y lápiz Lola, hermana del artista (Museu Picasso, Barcelona) y la pintura al óleo Lola, la hermana del artista (Cleveland Museum of Art). Esas obras, donde la joven quinceañera —vestida como una maja, envuelta a menudo en una mantilla española y con una rosa en el pelo— se enfrenta con descaro al espectador, la muestran vista a través de la lente de la estética tardosimbolista reinante en los cafetines de Barcelona, con acentos de Toulouse-Lautrec o de Vuillard en sus momentos más sombríos. Y a la vez que Picasso transforma a su hermana en habitante de la bohemia barcelonesa, también él se transforma: ya no es un niño prodigio con un dominio innato de las normas académicas, sino un artista radical entregado a subvertirlas.

Fuente: Texto de Trevor Stark: “Retrato de Lola”. En Catálogo Pablo Picasso. Nueva colección 2017-2020, pp. 50-51. 

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El entorno más íntimo de Pablo Picasso quedó representado en su trabajo más temprano.  Los miembros de su familia fueron referentes fundamentales en su obra. Así lo demuestran los numerosos retratos que hizo de ellos y en los que el artista, siendo aún adolescente, proyectó su incipiente talento, su maestría técnica y su capacidad para trascender los límites clásicos de la expresión.

Antes de llegar a ser reconocido como un rebelde artista moderno, el joven Picasso tuvo que pasar por la Academia. Hijo de artista, estudió con su padre, profesor en Málaga y en La Coruña. Asistió a las clases de la escuela de la Llotja en Barcelona e ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Ganó muy pronto reconocimiento y premios por sus cuadros. También pasó largas horas estudiando y copiando a los grandes maestros de la pintura en las salas del Museo del Prado de Madrid o en las del Louvre parisino.

Con tan solo trece años pinta en La Coruña este óleo académico de su hermana pequeña María de los Dolores. Conocida familiarmente como Lola, por entonces tenía diez años. Jugando a los equívocos, la representa pareciendo mucho más mayor. Esta es una de las obras que más riqueza iconográfica ofrece en la etapa primeriza del joven Picasso. El resultado: una presencia femenina, de perfil, reservada y muy seria, tocada con una mantilla, anuncia ya la inclinación, ¿quizás la obsesión? que Picasso mantuvo a lo largo de toda su vida por pintar a sus parejas con sombrero o con pañuelos cubriéndoles la cabeza.