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1941-1957 Bestiario

A Picasso le encantaban toda clase de animales. Su peculiar bestiario estaba formado por aves —palomas, gallos y búhos— así como por perros, gatos, toros, caballos y cabras que aparecen reiteradamente en sus obras. También sometió a estas criaturas a continuas metamorfosis atribuyéndoles valores simbólicos.

“Picasso, que puede amar o aborrecer a los hombres, adora a todos los animales […]. En Bateau-Lavoir tenía tres gatos siameses, un perro, un macaco, una tortuga; en el cajón de su mesa vivía un ratón blanco domesticado. […] En Vallauris tenía una cabra; en Cannes, un mono. En cuanto a perros, ni un día ha estado sin su compañía. […] Si dependiera sólo de él, estaría rodeado siempre de una verdadera arca de Noé”.

[Brassaï. Conversaciones con Picasso, 2002, p. 239]

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La paloma fue en Picasso, antes que símbolo, realidad vivida. En su infancia recibió la impronta de la doble condición de su padre, no solo colombófilo, sino también pintor especializado en composiciones de palomas y palomares. En este sentido, cabe destacar el óleo Palomar, que Picasso evocaría de manera hiperbólica toda su vida: “Una jaula de centenares de palomas. Con miles y millones de palomas”. Picasso desarrolló el tema desde sus obras iniciales y en diferentes momentos de su carrera.

Una de las primeras palomas que realizó sería un papel recortado, en la tempranísima fecha de 1890, en Málaga. Ese mismo año realizaría, también en Málaga, el primer dibujo sobre el tema, un grupo de palomas en un palomar; un dibujo iniciático en el que ya se observa, como en el óleo Tres palomas, una de las aves en su tronera. Sus carnets de mano de infancia también aparecen repletos de palomas y, con el tiempo, este animal se convertirá en predilecto de su bestiario, muy especialmente en la década de los cuarenta y cincuenta. Será en ese período cuando tendrá lugar la consagración de la paloma como símbolo mundial de la paz, a partir de la utilización de una litografía del artista como imagen del Congreso de la Paz de 1949.

En 1957, en medio del duro proceso de creación de la serie de Las Meninas, aparece una serie de nueve óleos de pichones; Picasso interrumpió abruptamente la claustrofóbica serie velazqueña e inmortalizó las palomas que tenía en el palomar del piso superior de La Californie, con vistas a la bahía de Cannes. Tres años posterior a esta serie, Tres palomas participa de un lenguaje muy próximo, con similar disposición geometrizante a partir de formas angulosas. El mismo día que pintó Tres palomas, el 18 de noviembre de 1960, Picasso realizaría un óleo similar, de formato apaisado, concretamente una pareja de palomas cuidando de un nido, y en segundo plano el fondo azul del cielo. Tanto en esta obra como en la serie de Las Meninas en Tres palomas se repite la misma salida luminosa en azul. Ahí radica una de las diferencias respecto a sus recuerdos de infancia; de las composiciones cerradas, detallistas y ocres del padre, a la libertad formal, cromática y sobre todo mental del hijo.

Fuente: Texto de Eduard Vallès “Tres Palomas”. En Catálogo Pablo Picasso. Nueva colección 2017-2020, pp. 352-353

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A lo largo de su vida el artista siempre se rodeó de perros de diferentes razas que lo acompañaron. Pero además, una cabra, un búho o incluso un mono lo pudieron ver trabajando en sus numerosos estudios. Las palomas aparecen repetidamente   en cuadros, cerámicas u obra gráfica en toda su trayectoria. Es un animal que guardaba en su memoria personal y que tenía con frecuencia en sus casas y estudios del sur de Francia.  De su infancia en Málaga iniciándose en el dibujo, el artista recordaba precisamente la dificultad que suponía realizar satisfactoriamente los ejercicios de dibujo de garras de paloma que le mandaba hacer su primer preceptor artístico, su padre Jose Ruiz Blanco, quien como pintor se especializó precisamente en pintar palomas en el palomar. 

La pintora Francoise Gilot, que fuera su musa y compañera sentimental entre 1943 y 1953 lo recordaba así: “A Pablo le encantaba rodearse de pájaros y de toda clase de animales. Generalmente los bichos están exentos de las sospechas con que miraba a sus amigos. Cuando Pablo trabaja en el museo de Antibes, vino Sima a visitarnos con un búho que había encontrado en un rincón del museo. Tenía herida una de sus garras. Se la vendamos y gradualmente curó Le compramos una jaula y al regresar a París nos lo trajimos con nosotros instalándolo en la cocina, entre los canarios, pichones y tórtolas. Nos portábamos amablemente con él, pero solamente nos miraba fijamente…… “

En 1949 el poeta y editor Louis Aragón acude al estudio de Picasso para escoger una imagen que ilustre el cartel del primer Congreso Mundial de la Paz que se iba a celebrar en Paris el mismo año.  Deciden escoger la litografía de una paloma en vuelo. Así, la convirtieron en un poderoso y popular símbolo universal de la paz. A partir de entonces ha sido utilizado en innumerables ocasiones y reproducido en todo tipo de soportes en acciones colectivas para defender la paz, la libertad y la igualdad en todo el mundo.