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8. Europa: años de conflicto

El impacto de la guerra dotará a la obra de Picasso de un dramatismo reflejado indirectamente en varias de sus naturalezas muertas con motivos de calaveras, gallos y cráneos de animales. Estos bodegones son su personal adaptación de la tradición iconográfica de los vanitas de la pintura española. 

“No he pintado la guerra porque no soy la clase de pintor que sale, como un fotógrafo, buscando algo que retratar. Pero tampoco tengo ninguna duda que la guerra forma parte de estas obras que he realizado”.
Traducido de Peter D. Whitney. “Picasso is safe” en San Francisco Chronicle, sept. 1944.

Naturaleza muerta con gallo y cuchillo

Óleo sobre contrachapado| 21 febrero 1947, 101 x 130 cm
Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. Préstamo temporal en el Museo Picasso Málaga
© FABA Foto: Eric Baudouin © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

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Un gallo sacrificado yace degollado y atado de patas sobre una mesa. Tiene enfrente un cuchillo y un cuenco vacío, utensilios ordinarios de cocina pero también instrumentos de muerte. Marie-Laure Bernadac ha hablado en Picasso and Things de las “obsesiones culinarias” del artista, citando su empleo de metáforas como “el baile de los objetos domésticos” (2 de febrero de 1937) o “los peligros de los cuchillos que se fugan” (8 de noviembre de 1937) (Boggs et al. 1992, pp. 23, 26). ¿Podrían esas ideas ayudar a comprender los mensajes mixtos de este bodegón como una vulgar escena de cocina, un sacrificio ritual, o quizá una alegoría cruel de la necesidad de matar para sobrevivir?

Los tres objetos que ocupan la mitad superior de la tela reposan como elementos de un sacrificio sobre el altar. Como señala Bernadac: “El gallo, símbolo de Cristo, aparece frecuentemente muerto sobre una mesa en pinturas de Picasso” (Boggs et al. 1992, p. 28). Las patas de la mesa y el cajón abierto parecen acercarse y alejarse simultáneamente a la manera cubista, pero acaban desintegrándose en una masa agitada. El tablero descoyuntado casi escapa flotando de su base. [...]

En la pintura del Museo, el corte transversal del cuello casi seccionado del volátil está pintado como un cuadrángulo bisecado por una diagonal, que hábilmente confiere realidad tubular a lo que de otro modo no sería más que una curva plana. Si el borde de la mesa no se hubiera comprimido contra el plano pictórico, también el animal y los demás objetos de la mesa habrían quedado irremediablemente desprovistos de volumen. Al forzar la convergencia de dos planos, Picasso ha creado la ilusión de profundidad y potenciado la sensación realista de dimensión que es esencial para el impacto de la obra.

Picasso pintó con frecuencia distintas versiones de un mismo tema, a menudo por parejas. El del gallo muerto se repite en una pintura casi idéntica en la que las patas atadas del animal ascienden hasta el centro de la obra, de modo muy semejante a los miembros atados de uno de los cadáveres humanos del Osario de 1944-1945 (MOMA, Nueva York), y a las patas de animales listos para ser sacrificados en obras de 1938 (p. ej., un gallo en Z.IX.109 y una cabra en Z.IX.116). La investigación reciente data estas dos naturalezas muertas con gallo el 21 de febrero de 1947 (Boggs et al. 1992, p. 312). Son tan coincidentes que resulta difícil aventurar en qué orden se pintaron o qué razón pudo llevar a Picasso a tratar el asunto dos veces en un día. Basándose en los detalles y el grado de estilización, Boggs considera que la obra del Museo fue la segunda (Boggs et al. 1992, p. 312). Christian Zervos, a pesar de un error de datación inicial, las catalogó por ese orden. El tema culinario y las connotaciones domésticas de estas dos pinturas anuncian el asunto de las dos obras maestras abstractas de 1948 que glorifican la cocina de la Rue des Grands-Augustins (La cocina, MOMA, Nueva York, Z.XV.106; La cocina, Musée Picasso, París, Z.XV.107).

Texto: Robert McDonald Parker en Colección Museo Picasso Málaga (MPM, 2003, pp. 135-137).