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4. La aventura del cubismo

Entre 1908-1914, Picasso y Braque desarrollaron el cubismo. Caracterizado por representar de forma simultánea un mismo objeto desde diferentes ángulos, empleando figuras geométricas y prescindiendo de la perspectiva tradicional renacentista. 

“Muchos piensan que el cubismo es un arte de transición, un experimento que traerá resultados posteriores, los que así lo creen no lo han comprendido. El cubismo no es semilla ni feto, sino un arte que trata fundamentalmente de las formas; y cuando se crea una forma, ésta adquiere vida propia”.
Picasso. Poemas y declaraciones, 1944, p. 31

Frutero

París, 1919 | Óleo sobre lienzo | 45,5 x 45,5 cm
Museo Picasso Málaga | Donación de Christine Ruiz-Picasso
© Museo Picasso Málaga. Foto: Rafael Lobato © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Leer sobre Frutero

El frutero es un tema transversal en la creación picassiana, con diversas manifestaciones en períodos puntuales. En sus inicios destacan las obras académicas de rasgos propios de finales siglo XIX, pues la naturaleza muerta era uno de los géneros inherentes a la formación artística. Más adelante, la impronta de Cézanne tendrá un sólido recorrido en la obra de Picasso, desde los fruteros de 1901 hasta las composiciones cezannianas inacabadas del cubismo germinal. Posteriormente, también encontraremos fruteros en el cubismo cuasiabstracto de Cadaqués en 1910, pero el tema alcanzará su cénit en el cubismo sintético.

De hecho, la disposición de los elementos de Frutero nos remite a la sintaxis de inicios de esa misma década, concretamente a los papiers collés, una de las aportaciones más singulares del cubismo durante el período 1912-1914. Serán diversos los artistas que, como Georges Braque o Henri Laurens, entre otros, partirán de la iconografía del frutero en paralelo a la creación picassiana. Pero, en realidad, estamos ante una suerte de cubismo tardío, en la medida que se replica el efectismo cubista, pero ya sin su virtualidad y experimentación primigenias.

En 1918, Picasso alternará fruteros en un estilo realista con otros cubistas, aparentemente distanciados en años pero en realidad separados por semanas o días. De hecho, algunos de esos fruteros responderán a la más estricta tradición figurativa, dando continuidad así a un ya evidente desconcierto entre críticos y admiradores del artista, iniciado hacia finales de 1916. Entre finales de 1918 y principios de 1919, fecha de creación de esta obra, se produce un cambio importante en la trayectoria de Picasso al estrecharse su relación con el marchante Paul Rosenberg, lo que repercute en un aumento de su producción artística. Destacan un conjunto de arlequines de gran formato que podrían estar relacionados con Frutero, dado que a simple vista se aprecia un pentimento de formas diamantadas equivalentes a pinturas de arlequines coetáneas.

A partir de 1918 tienen lugar asimismo hechos destacados en la vida de Picasso, entre ellos su boda con la bailarina Olga Khokhlova o su alejamiento de Montparnasse y su instalación en la Rue La Boétie. En 1919 realizó uno de sus contados viajes fuera de Francia, el que le llevó a Londres con motivo de su colaboración con los Ballets Rusos en la producción de Le Tricorne, con música de Manuel de Falla. Desde entonces en adelante se sucederán en la creación picassiana continuas réplicas cubistas en paralelo a toda suerte de formas neoclásicas —como las empleadas en los ballets— que, en no pocos casos, resultarán más modernas si cabe que cualquier epígono de cubismo crepuscular.
 

Texto: Eduard Vallés