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12. Pintar el siglo de oro

En la última década de su vida, Picasso incorpora a su iconografía figuras ataviadas a la usanza del siglo XVII, conocidos como mosqueteros, personajes del Siglo de Oro español surgidos de su renovado interés por Rembrandt y Velázquez. Empleando colores llamativos y pinceladas rápidas, estas obras transmiten fuerza y energía.

“Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra la frente coronada de jazmines”.
Pablo Picasso, 4 mayo 1936. Traducido de Picasso. Écrits, 1989, p. 128

Niño con una pala

Mougins, 15 julio y 14 noviembre 1971 | Óleo sobre lienzo, 195 × 130 cm
Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. Préstamo temporal en el Museo Picasso Málaga
© FABA Foto: Marc Domage © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Leer sobre Niño con una pala

Niño con una pala es una obra que puede ser interpretada tanto en clave contextual como autobiográfica. En primer lugar, hay que situarla en el contexto de diversas obras coetáneas de gran formato de ese año 1971, las cuales, leídas en conjunto, nos muestran a un Picasso críptico y misterioso. Son composiciones similares que casi alcanzan los dos metros y que suponen un auténtico desafío para un artista de casi noventa años. Picasso empezó a realizar este óleo el verano de 1971 y lo retomaría de nuevo en el mes de noviembre del mismo año.

La composición participa del clásico doble perfil picassiano, que nos podría dar una clave sobre la posible lectura autobiográfica de esta obra, como una especie de desdoblamiento entre el anciano y el niño que un día fue. Precisamente durante esas fechas, Picasso había dejado de bañarse en el mar, una costumbre que mantuvo durante toda su vida. Algún autor, como Pierre Daix, ha interpretado este retrato de un niño jugando en la playa como una suerte de voluntad de recomenzar de nuevo la vida, como una reacción del autor ante una actividad que para él ya había finalizado. La línea de rayas de la parte superior nos evoca, sin duda, un escenario de playa, mientras el barroquismo de la composición participa de la clásica caligrafía del Picasso crepuscular, como corresponde a una de las pinturas de Aviñón.

Esta obra se debe analizar en paralelo a otra realizada en agosto de 1971, concretamente Bañista de pie, también de la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, que se podría tratar de otra creación autorreferencial. Durante ese mismo verano, Picasso realizará un grupo de composiciones de gran formato que, según John Richardson, conformarían un conjunto cerrado. Retomando la posible lectura autobiográfica, sorprende constatar que el día que Picasso terminó Niño con una pala —el 14 de noviembre— es el mismo en que finalizó su gran autorretrato Hombre viejo sentado, del Musée Picasso de París. Picasso ha sido uno de los artistas que, a lo largo de la historia del arte, han creado un lenguaje más singular y a la vez universal sobre la infancia. Desde su célebre exposición en la galería de Ambroise Vollard en 1901, donde presentó diversos retratos de niños, hasta Niño con una pala han pasado exactamente setenta años. Durante esas décadas realizó abundantes retratos infantiles, sobre todo de sus hijos, en diferentes estilos y lenguajes. Por su tardía fecha de realización, se podría afirmar que Niño con una pala es, posiblemente, la última gran pintura de infancia de Picasso, por más que en su fuero interno pudiera haberla concebido como una suerte de autorrepresentación desiderativa.

Texto: Eduard Vallés