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11. Dibujar como un niño

Con más de 80 años y con apenas unas pinceladas, Picasso creó una serie de cabezas y retratos esquemáticos. Carentes de fondo, las marcas en zigzag remiten a la idea de juego, llenando la superficie con colores que utiliza para definir el espacio y diferenciar los rasgos. El soporte vacío los convierte en seres transparentes.

“Un niño ve el rostro de su madre: lo ve de una forma completamente distinta que los demás, y no me refiero al espíritu de la madre sino a sus rasgos y a la totalidad del rostro, el niño lo ve desde muy cerca, una cara grande para los ojos de una cara pequeña; el niño sólo ve durante unos momentos una parte del rostro de su madre, conoce un rasgo pero no otro, un lado pero no el otro. A su modo, Picasso conoce las caras como las conocen los niños, y ocurre lo mismo con la cabeza y el cuerpo”.
Gertrude Stein. Picasso, 2002, p. 42.

Jacqueline con sombrero de paja

Mougins, 14 enero 1962 | Linograbado, gubia sobre linóleo a cuatro tintas, estampado sobre papel, 63,8 × 53 cm
Museo Picasso Málaga. Adquisición 2010
© Museo Picasso Málaga © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Leer sobre Jacqueline con sombrero de paja

Se ha convenido en situar aproximadamente a principios de los años sesenta lo que se conoce como el “último Picasso”. Si bien la historiografía necesita delimitar períodos, en esa fecha todavía quedan muchos otros Picassos. De todo ello nos habla este linograbado de 1962 que representa a Jacqueline, con la que el artista se había casado el año anterior y quien sería la última mujer en su vida. El linograbado es una de las técnicas más tardías en Picasso, que se inicia en ella durante los años cincuenta a partir de diversos carteles, pero sobre todo en 1958 con el tour de force que significa el Retrato de mujer joven de Lucas Cranach el Joven.

De hecho, Jacqueline con sombrero de paja pertenece al trienio picassiano de máxima intensidad creativa del linograbado, entre 1959 y 1962. El resultado es una producción ingente que deja atónito a su entorno, no tan solo por las combinaciones y superposiciones de colores, sino también por su heterodoxo método de trabajo. Su marchante Kahnweiler se mostró asombrado ante la visión de sus primeras creaciones: “Al principio se contentó con tres o cuatro colores; ¡ahora llega a grabados con doce colores utilizando una sola plancha! ¡Es diabólico! Debe de prever el efecto de cada color, porque no hay vuelta atrás. No sé ni cómo llamar a esta operación mental”. Como hiciera con la cerámica, Picasso experimentó con esta nueva técnica hasta sus límites, en una aproximación integral con el objetivo de conocer todos sus procedimientos y consiguiendo lo más difícil, anticipar mentalmente la composición final.

En Jacqueline con sombrero de paja, el artista resuelve el rostro a partir de una caligrafía idéntica a la que presentan diversos dibujos realizados ese mismo día. Estamos ante una obra donde Picasso economiza la construcción del rostro, a partir de una combinación de líneas rectas y curvas, y colores vivos, en abierto contraste con el fondo blanco; un cromatismo y unas formas que nos reenvían parcialmente al lenguaje gráfico de Joan Miró. De nuevo aparece el clásico desdoblamiento del rostro-espejo, muy similar en los dibujos coetáneos comentados. De hecho, ese mismo mes de enero de 1962, el rostro de Jacqueline sería para el artista el mayor campo de trabajo, con diversos linograbados, si bien comenzaría también series emblemáticas de esta técnica, como sus versiones de Dánae o Le déjeuner sur l’herbe. Este penúltimo Picasso se desata por momentos e inicia nuevos caminos y experimentaciones que, como en este caso, quedarán inconclusas, pues el linograbado tocaría a su fin hacia 1963, con puntuales manifestaciones hasta 1968. 

Texto: Eduard Vallés