Main content

1. Aprendiendo a pintar

Picasso tuvo una sólida formación académica tutelada por su padre, profesor de dibujo. Iniciada en Málaga, prosiguió en La Coruña, Barcelona y brevemente en Madrid. Atraído por su ambiente vanguardista, se traslada a París en 1904. 

“Una cosa curiosa, añade, es que yo no he hecho nunca dibujos de niño. Jamás. Ni siquiera cuando era muy pequeño”.
Hélène Parmelin. Habla Picasso..., 1968, p. 80

Retrato de Lola

La Coruña, 1 diciembre 1894 | Óleo sobre lienzo, 29 x 19 cm
Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. Préstamo temporal en el Museo Picasso Málaga
© FABA Foto: Eric Baudouin © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2017

Leer sobre Retrato de Lola

Pablo Picasso tenía trece años cuando, en 1894, pintó este retrato de su hermana María Dolores Ruiz Picasso, "Lola". La sofisticación de sus primeras obras, que aquí aparece en detalles como el mechón que escapa de detrás de la oreja y la seriedad de la boca, invita al espectador a buscar indicios de obras posteriores, ya sea en el estilo o en el asunto. Se podría decir que es una especie de historia del arte por adivinación, en la que, como escribió Pierre Daix, “suponemos en él, desde el primer momento, todas las virtudes creativas que más de setenta años de actividad y reflexiones dedicadas únicamente a su arte nos han permitido percibir”. Pero en 1894 Picasso no era todavía Picasso, como atestigua la firma de trazo grueso del ángulo superior izquierdo: “P. Ruiz” muestra al artista tomando el apellido de su padre pintor, José Ruiz Blasco, que apoyó el talento de su hijo desde temprana edad. 

El retrato de Lola se terminó en La Coruña, donde la familia de Picasso se había establecido en 1891, cuando don José se incorporó a una plaza de profesor de dibujo. Solo un año después, en 1895, al mudarse la familia a Barcelona, acometería Picasso una fase importante de su formación académica en la pintura matriculándose en la escuela de bellas artes La Llotja. Aunque hasta un viaje a Madrid en aquel mismo año no conoció las obras de Zurbarán y Ribera, la paleta tenebrista de esos pintores domina en este retrato de Lola, probablemente a consecuencia de las lecciones de don José[2]. En los años siguientes, que llevaron a Picasso de Barcelona a Madrid y a París —ciudad que visitó por primera vez en octubre de 1900—, son varios los retratos de Lola que permiten seguir el rastro del avance del artista más allá de su formación académica, en una sucesión de estilos que van del simbolismo al postimpresionismo.

En 1899-1900, Picasso representa a Lola en una serie de retratos firmados “P Ruiz Picasso”, entre los que destacan el dibujo a carboncillo y lápiz Lola, hermana del artista (Museu Picasso, Barcelona) y la pintura al óleo Lola, la hermana del artista (Cleveland Museum of Art). Esas obras, donde la joven quinceañera —vestida como una maja, envuelta a menudo en una mantilla española y con una rosa en el pelo— se enfrenta con descaro al espectador, la muestran vista a través de la lente de la estética tardosimbolista reinante en los cafetines de Barcelona, con acentos de Toulouse-Lautrec o de Vuillard en sus momentos más sombríos. Y a la vez que Picasso transforma a su hermana en habitante de la bohemia barcelonesa, también él se transforma: ya no es un niño prodigio con un dominio innato de las normas académicas, sino un artista radical entregado a subvertirlas. 

Texto: Trevor Stark